Por: James Londoño Valencia, Ingeniero Sanitario y magíster en Ingeniería, Coordinador del programa de Ingeniería Ambiental de la Universidad Católica de Oriente

Es cierto que en el Valle de Aburrá existe un problema en la calidad del aire y este está asociado tanto a fuentes de emisión como a factores meteorológicos y topográficos y al hablar de fuentes de emisiones me refiero tanto a vehículos como a algunos procesos industriales y aunque no son las únicas, si son las principales.

También es cierto que le compete a las autoridades ambientales y de salud, velar por la protección y conservación de este medio físico natural pues, somos seres aerobios y demandamos principalmente oxígeno del aire para nuestro funcionamiento y si ese aire que respiramos esta enrarecido, entonces problemas como enfermedades respiratorias, en mucosas y alergias se hacen evidentes; sin embargo no es solo a las personas que afecta la mala calidad del aire, también hay afectaciones a la vegetación, animales y materiales.

La calidad del aire se viene midiendo en Medellín y sus alrededores desde hace muchos años, pero sólo desde hace unos 3 años, las autoridades han venido socializando y publicando masivamente la problemática, porque también es cierto que se han venido incrementando las fuentes de emisión. Como se anota antes, son varios factores, sin embargo tenemos el poder inmediato de actuar sobre las fuentes de emisión y no sobre los otros factores, en época de transición climática, es decir, entre “época seca y lluviosa o viceversa”, es cuando las condiciones meteorológicas, sumadas a la topografía de valle de alta montaña, NO ayudan a la dispersión y mezcla de los contaminantes que lanzamos diariamente sin cesar, el volumen de atmósfera disponible para esta dispersión es menor porque la altura para que estos contaminantes se mezclen, es más baja, sobre todo en las horas de la mañana.

El “contaminante problema” ha sido el PM2.5 y en ocasiones el ozono troposférico, el PM2.5 es el material particulado en suspensión en el aire con un tamaño igual o inferior a 2.5 micras, (una micra es una millonésima parte de un metro), son partículas muy pequeñas y son perjudiciales porque pueden llegar al interior de nuestros pulmones y una vez allí permanecer; sin embargo, no son dañinas solo por su tamaño sino también por su composición y es por esto que gran parte del problema en la región se le atribuye a los vehículos e industrias, pues el PM2.5 es emitido directamente por ellos y también es formado en la atmósfera por precursores lanzados principalmente por vehículos. Existen muchos contaminantes del aire que representan riesgo para la salud de las personas, pero actualmente el que tiene al Área Metropolitana del Valle de Aburrá con problemas de calidad del aire, es el PM2.5.

Todos somos parte del problema y todos debemos ser parte de la solución, vivimos en una cuenca atmosférica de pobre ventilación principalmente en las

épocas antes mencionadas, la autoridad ambiental de la región ha establecido un plan de descontaminación del aire desde hace años y renovado hace poco (PIGECA “de gestión”), pero esto es a mediano y largo plazo. Así mismo, dentro de este plan existe otro para tomar medidas concretas de forma inmediata apenas ocurran los eventos críticos de contaminación (POECA “operacional”). Estos planes pueden ser consultados por cualquier persona en la página web de la autoridad ambiental (www.metropol.gov.co). Las medidas allí planteadas se presentan de acuerdo a la gravedad de los episodios, o sea, a medida que se elevan las concentraciones de PM2.5, para tratar de volver a condiciones menos críticas en la calidad del aire, sin embargo, que pasemos a un estado de prevención (naranja), alerta (rojo) o emergencia (púrpura), este último aún no sucede, no significa que ya tenemos o nos va a dar cáncer de pulmón, pero sí que debemos ser más conscientes del problema para protegernos, evitar exponernos y para cumplir con las medidas exigidas desde las autoridades competentes.

Las medidas son insuficientes actualmente, puede ser, pero las medidas a mediano y largo plazo van más allá de simplemente restringir la movilidad de algunos vehículos o cerrar procesos industriales; se debe mejorar urgentemente los combustibles que consumimos y así como también debemos ser más eficientes energéticamente hablando, se debe restringir el ingreso al país de tecnologías vehiculares obsoletas, al mismo tiempo que se incluye decididamente tecnologías alternativas como la eléctrica.

Los efectos asociados a la mala calidad del aire sobre las personas, dependen directamente de la concentración del contaminante y el tiempo de exposición o duración y, obviamente, de la condición física de cada persona, por eso las personas más sensibles son los niños, ancianos, mujeres gestantes y personas con enfermedades crónicas; disminuir la exposición al aire ambiente será una acción de vital importancia bajo condiciones de mala calidad del aire