No es un secreto que los bosques altoandinos del Oriente antioqueño son uno de los ecosistemas a nivel nacional más perturbados, entendiendo que esta subregión es la que presenta mayor desarrollo económico y urbanístico del Departamento. Siendo estos y los factores antropogénicos como la tala indiscriminada, la expansión de la frontera agropecuaria y el crecimiento demográfico, los de mayor amenaza para estos bosques.

La inmensa diversidad de los ecosistemas altoandinos es aún un secreto y si las dinámicas ‘destructivas’ antes mencionadas continúan al ritmo devastador que hasta la fecha han tenido, nunca se podrá conocer esa parte sin descubrir de ellos. Pero este no es el principal problema: lo más grave es que el deterioro de estos bosques genera un impacto ambiental muy negativo, que se ve reflejado en la disminución de las fuentes hídricas, disminución en la emisión de oxígeno, degradación de los suelos, la pérdida de hábitat natural para la infinidad de especies animales que allí coexisten junto con la inmensa diversidad de plantas y, sin duda alguna, la extinción de especies endémicas de la zona.

Desde nuestro quehacer se ha buscado la forma de explorar los pocos fragmentos de bosque altoandino que aún quedan en nuestro territorio, encontrando diversidad de especies vegetales endémicas aún desconocidas y otras reportadas en la Lista Roja de Especies Amenazadas de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Es necesario entonces, incorporar herramientas botánicas, agronómicas y ecológicas, con el fin de caracterizar y evaluar todos los rasgos que tengan que ver con la biología reproductiva de estas especies. Es ahí donde las semillas juegan un papel muy importante, ya que es la principal forma de propagar las especies vegetales. Si las investigaciones en semillas aumentan, la probabilidad de éxito en la ejecución de proyectos que involucren el uso de plantas que habitan en los ecosistemas altoandinos será mayor.

Por ende, se podrá generar un incentivo muy importante para los restauradores, las familias que propagan estas especies, empresas que las comercializan y entidades ambientales que buscan su protección. Todo esto, sumado a diferentes estrategias que se generan en semilleros y grupos de investigación, serán el principal argumento que contribuya a mejorar la situación actual y revertir hasta cierto punto las alteraciones que se han generado en estos ecosistemas.

Finalmente, el eco y difusión de la información que se genere debe tener un impacto social, político y ambiental muy grande para que la tarea se convierta en un hábito y sea replicado en otras zonas del país. De esta forma podremos velar por el patrimonio biodiverso que tenemos en nuestros ecosistemas naturales.

 

Autores: Mario Alberto Quijano Abril* y José Miguel Rojas Villa** *Doctor en Biología, profesor de la Universidad Católica de Oriente. **Estudiante integrante del Semillero de Estudios Botánicos.