La edad y el paso del tiempo se hacen notar en cada uno de los órganos del cuerpo humano. La piel, al ser el más extenso de ellos, es una de los más perjudicados. No importa los cuidados ni los productos dermocosméticos que apliquemos a lo largo de nuestra vida. Antes o después, la dermis empieza a perder elasticidad y grosor, convirtiéndose en más sensible y expuesta a los agentes externos.

Como consecuencia, los tratamientos cutáneos que se le deben aplicar en la vejez conllevan una serie de especificaciones propias. Si la dermis no es igual a los 20 que a los 30, imagina las diferencias y las carencias 30 años después. La tercera edad no es sinónimo de consumación, sino que es el momento de aprender a vivir mejor, pero con ciertas limitaciones. Por eso, una dieta adecuada, un poco de ejercicio físico (según las posibilidades) y la utilización de cremas hidratantes específicas para ancianos, son la base de los cuidados más adecuados en este momento de la vida humana.

* Protección solar. El sol es uno de los principales enemigos de la piel, puesto que es responsable del envejecimiento prematuro y de la aparición de manchas y arrugas. Por eso, entre los cuidados de la piel del anciano, no debe faltar la aplicación de una crema solar con protección frente a los rayos UVA, caminar por la sombra (en la medida de lo posible) y la utilización de sombreros.

* Hidratación. Por dentro y por fuera. Las necesidades de agua aumentan durante la vejez. Por eso, es imprescindible que la persona beba, al menos, 2.5 litros diariamente e incluya frutas y verduras en su dieta. Pero, además, la hidratación se debe favorecer desde el exterior, desde la dermis, con cremas hidratantes para ancianos.

* Limpieza. Para no resecar ni dañar más la piel, lo mejor es hacerlo con agua tibia y con jabones específicos para una dermis seca y sensible. En la tercera edad, la pérdida de humedad también es importante. Por eso, después del baño, lo mejor es secar la piel mediante toques suaves con la toalla y aplicar, inmediatamente después (cuando la superficie cutánea aún está húmeda), la crema hidratante.

* Alimentación y hábitos. Siempre es importante cuidar las rutinas y los vicios. Pero, al llegar a la vejez, las costumbres que nos pueden perjudicar se convierten en riesgos seguros. Por eso, es importante abandonar el tabaco y el alcohol, no decantarse por el sedentarismo y seguir una dieta equilibrada, con predominio de frutas y verduras. Con esto, no solo mejora el funcionamiento general del organismo, sino que la piel recibirá un aporte de nutrientes más eficiente y mejorará su aspecto.