Es habitual que las personas mayores pierdan el apetito. Sin embargo, en la tercera edad la alimentación es importante. A los mayores les sucede igual que a los niños en crecimiento, que necesitan recibir una serie de nutrientes esenciales para garantizar que sus huesos van a mantenerse fuertes y sanos.

La buena alimentación es fuente de salud, y en el caso de los huesos, a medida que envejecemos, experimentamos un importante deterioro que se acusa todavía más en el caso de las mujeres. Un buen número de mujeres sufren de osteoporosis, una enfermedad que deja los huesos muy frágiles y que avanza de manera progresiva provocando grandes dolores y que, incluso, aumenta el riesgo de causar fracturas que nunca llegarán a sanar.

Para tener unos huesos fuertes es imprescindible consumir la suficiente cantidad de calcio y de vitamina D, dos nutrientes que son fundamentales en la formación y regeneración de los mismos. Su presencia en la dieta infantil determinará que un niño crezca fuerte y sano, y la misma importancia cobran estos nutrientes en la dieta de los mayores. El calcio se encarga de formar los huesos, y la vitamina D ayuda a la fijación del calcio en nuestro organismo.

Las estadísticas dicen que al menos una de cada dos mujeres que han llegado a la menopausia va a sufrir alguna fractura ósea. La más común de ellas es la fractura de cadera, una lesión que resulta muy dolorosa e incapacitante y que, en caso de personas de la tercera edad, es muy complicada de curar.

La llegada de la menopausia lleva consigo una bajada importante de los niveles de estrógeno y otras hormonas que dificultan la correcta absorción del calcio. Por esta razón, aumentar la dosis de este mineral es imprescindible en la tercera edad. Pero los hombres tampoco deben bajar la guardia, pues también ellos pueden sufrir problemas óseos. La alimentación debe mejorar y reforzarse a partir de los sesenta años, e incluso antes de entrar en la menopausia y en la andropausia.