No podemos olvidar que en los pies están representados todos los órganos del cuerpo, por lo que tenemos una razón más que de peso para procurarles los mejores cuidados Es vital prestar más atención al cuidado de los pies, no solo pensando en lo estético, sino también en la salud.

¿Sabías que cada pie contiene 26 huesos, 33 articulaciones, 107 ligamentos y 19 músculos y que todos los huesos de ambos pies conforman una cuarta parte de los huesos que tenemos en nuestro cuerpo?

Como los pies son los que están más alejados de nuestra vista, a menudo los descuidamos y solo cuando nos duelen empezamos a echarles un vistazo. Como son el primer punto de conexión con la tierra, debemos apreciarlos enormemente, pues sin ellos no podríamos ir a ningún lado y más allá de que se vean bonitos y cuidados, es preciso que estén saludables.

Para ello, lo primero es tener en cuenta el calzado. Aunque seas una fanática de los tacones altos, trata de no usarlos tanto, porque no solo hacen mal a tus pies, sino también a la espalda. Si no puedes evitarlos por el trabajo, entonces mantén un par de zapatos bajos de repuesto, para utilizar mientras viajas o cuando se pueda en el sitio donde laboras Otro consejo es tratar de comprar los que sean más amplios y que los dedos o el empeine no queden atrapados sin salida y sin movilidad. Los callos son los signos más evidentes del uso de calzado estrecho o incómodo. Cuando vayas a comprar zapatos, trata de hacerlo en la tarde, cuando los pies estén ligeramente hinchados por el trajín del día. Los pies fríos se encogen y si compras zapatos en esas condiciones, posiblemente después se sentirán estrechos.

Cuando tengas oportunidad de poner los pies en el suelo, hazlo. Puede ser en casa, en una zona verde, en la playa, o incluso en el trabajo, debajo del escritorio. Asegúrate de que los pies puedan moverse y respirar a diario, aunque haga frío. La energía de la tierra ingresa a nuestro cuerpo a través de los pies, pero las suelas de los zapatos no permiten que esto suceda.

Mantén las uñas cortas y bien limadas, no dejes que los callos y ampollas te duelan o te molesten al caminar, muévelos lo más que puedas dentro y fuera de los zapatos y, en lo posible, no duermas con calcetines demasiado apretados. Sumergir los pies en agua caliente con sal gruesa, es un buen relajante.