La vida de la mayor parte de las personas de edad avanzada se enriquece por la presencia de las personas que comparten su día a día o la mayor parte de sus momentos con ellos. La gran mayoría de las veces ese hueco lo ocupa la familia, que es nuestra fuente primaria de apoyo emocional y juega un papel fundamental, proporcionando sentimientos de arraigo, seguridad, capacidad, autoestima, confianza y apoyo social.

El “sentirse necesario” es uno de los predictores de longevidad. Por ejemplo, tareas como el cuidado de los nietos favorecen la vinculación familiar, ya que este momento de nuestras vidas, asumiremos en muchos casos un nuevo rol de abuelo, que nos otorgará una función social y una utilidad familiar nueva. Esto será positivo siempre y cuando no perdamos bienestar por ello. Cualquier ayuda que podamos brindar al resto de la familia debe estar dentro de nuestras posibilidades sin excedernos.

En la mayor parte de estudios realizados, las personas mayores que se sienten necesitadas por los suyos suelen vivir más y con mayor calidad de vida. Mantener nuestras relaciones familiares de manera satisfactoria es un objetivo muy importante para obtener un envejecimiento activo y lleno de bienestar.

Las relaciones entre personas mayores y jóvenes contribuyen a que el envejecimiento activo sea una realidad. Por intergeneracionalidad entendemos las relaciones de cualquier tipo entre distintas generaciones que conviven en una misma época. No se trata solamente de que estén juntas sino también de que se relacionen entre sí y compartan tiempo y conocimiento. Estas relaciones entre generaciones se basan en saber escuchar y transmitir, en ambas direcciones. Envejecer supone un crecimiento en cultura y en valores humanos, en sensibilidad y comprensión. Estas cualidades son las que debemos transmitir a las nuevas generaciones, y a la vez, aprender de ellas todo aquello que no estuvo a nuestro alcance en épocas anteriores.

La investigación de las relaciones entre abuelos y nietos es muy extensa. Muchos resultados indican que estas relaciones son recordadas como las más entrañables de la vida. Hay que insistir en que los abuelos no somos solo cuidadores, sino que tenemos el papel de transmisores del saber, de experiencias familiares, de la historia, de los propios ancestros y de los valores positivos que hemos podido aprender a lo largo de nuestra vida. Las relaciones intergeneracionales entre abuelos y nietos pueden ser una de las fuentes de satisfacción que ayuden a las personas a envejecer mejor.