Los verdaderos actos de venganza surgen a partir de la libertad. Libertad de lograr algo que no se pensaba posible de crear, algo que no se sabía que podía existir. Y eso es el teatro. Una venganza en el mundo del arte, que no puede ser encasillado, ni puede ser enlatado como un producto que se mercantilice y se perratee. Claro que existe la industria, el goce de perpetuar sólo las risas que se venden y no la industria que incomoda, que advierte, que muestra la totalidad del ser humano.

Carmentea, festival que se auto gestiona año tras año, en su séptima versión, logró movilizar a las personas a consumir un buen teatro, que en definitiva, es lo que se sintió con cada agrupación. El público del Oriente Antioqueño ya quiso salir del imaginario del mercado que divide al teatro en dos grupos: quienes pueden consumirlo y quienes quieren hacerlo. En El Carmen, eso ya se cayó. Todos son dignos de ser sujetos que piensan, actúan, se incomodan y a veces se mueven para tener una sociedad mejor.

Durante la semana que se desarrolló el festival, hubo varias obras de teatro que llevaban al espectador a ser parte de la complicidad entre actor y escenario. ¿Quién no ha tenido un amor que aunque destrozando cada fibra del alma, no quiso mantenerlo para “siempre? ¿Quién no ha dejado a un lado sus propios intereses para acomodarse en la posición del otro? ¿Quién no ha querido mantenerse en personaje para olvidar que la realidad absorbe, derrumba, y sobretodo no deja al hombre libre de crear? Así, escena tras escena, personaje tras personaje, fueron desarrollando y respondiendo cada una de estas preguntas. No quedó nada por sentado después del Festival, pero sí quedó en el aire varias situaciones que muestran la inconformidad, el anhelo de cambio, y los sueños en escena de los personajes de las obras y los visitantes.

Obras como “Galería del amor”, que desde su nombre ya está exponiendo de qué se trata, muestra ese lado del amor que acosa y obliga a que los amantes permanezcan con la ilusión de formar algo. En ella, actúa Marco y Patricia; él funcionario de una biblioteca, y ella estudiante de universidad. A raíz del trabajo de grado de Patricia, Marco y ella ponen en escena la historia de amor de los dos. Y así, entre risas y angustia, se vivencia lo que es el amor entre la realidad y la ficción en condiciones donde el amor es para el momento y se inventa para el futuro. Por eso el tiempo, considerado en algún momento el pilar fundamental del amor, en la obra está considerado como aquel precepto que impide el desfogue de las emociones.

“¿O sea que tu amor es una hipótesis?”, grita Patricia. Y Marco, que no entiende –o ignora- la manera de amar de su amada, prefiere echarse para atrás en su explicación y dar un paso adelante a la culpa. Galería del amor es escrita por el colombiano Críspalo Torres, y en esta ocasión fue dirigida por Kamber. Ambos han experimentado y han estado inmersos en todo lo que tiene que ver con el amor, pero con la diferencia que ellos y los actores sí quisieron movilizar ese deseo a las tablas para perturbar y poner a pensar qué es el amor en estos tiempos.

Por ese estilo que conmueve, absorbe y hace estruendo, está la obra de los estudiantes de teatro de la Universidad de Antioquia, “Contra el amor, contra el progreso, contra la democracia”, obra del director Esteve Solar, con adaptación y dirección de Fernando Arcángel. En ella, no sólo se

muestra la idea de un amor decostruído, si no que se muestra la manera cruel y despiadada en la que los seres humanos han estado viviendo en sociedad. Sin anestesia, todos los actores recrean esa crueldad en la que dejan a un lado toda posibilidad de encuentro sano con el otro, donde los intereses particulares van por encima de los colectivos. Aquí, el odio contra el méndigo, contra los animales, contra la raza y contra el mercado, va más allá de ver a los personajes con furia, si no que muestra de qué manera se soluciona o se ha resuelto toda inconformidad durante toda la vida: con la muerte, el desconsuelo, la arbitrariedad y la insolencia.

En otro escenario, se puso bajo las tablas del teatro Tespys a la danza contemporánea y a la actuación. En la obra de la academia de Ballet House se cayó toda esa constricción de lo femenino y lo masculino y se puso bajo las tablas de una manera erótica, seductora, llamativa. Bajo el ritmo de la danza contemporánea, actuaron unas mujeres que a veces olvidaban quiénes eran para mantener limpio esa imagen que las construye como eso, unas mujeres con una disciplina inmensa que las hace profesionales en el arte de la intriga. Cada paso, cada movimiento, cada gota de sudor que cubrió el cuerpo de las bailarinas, fue sentido por el público a tal punto que los aplausos pasaron a ser un ritmo más de la obra. Tan despampanante fue ver todo esto, que los espectadores ya no se preguntaban qué sexo era el que danzaba. ¡Ya no existen el género en la danza! Se escuchó una vez terminada la obra.

Todos en algún momento de la vida han escuchado el dicho de “los jóvenes son el futuro del país”. Y el teatro aprovechó esto para crear innumerables posibilidades de futuro en los espectadores. Como si vinieran de otro tiempo, el grupo Dramaleón quiso hacer teatro para niños. Ya nadie quiere pensar para los niños. Pero ellos, que aunque grandes en números son pequeños en su alma, entendieron la necesidad de hacer partícipe a los niños del mundo de los grandes. Son títeres que aparecen contando una historia. Esa historia que es la realidad pero disfrazada en personajes, que crean y destruyen momentos, y aun así, siguen viviendo. Dramaleón aparece en el 2.011 como grupo independiente, con un repertorio de tres obras donde una de ellas estuvo presente en Carmentea “Los pececitos y el río revuelto”.

Es así como Festival logró crear una atmosfera nueva en el oriente. Y aunque son muy pocos los que quieren apoyar este arte, que como ya se dijo es perturbador, se sigue manteniendo. Se mantiene como esas cucarachas que en vez de extinguirse se reproducen, y se convierte en esa voz que le da aliento a los que se cansaron de respirar. Qué se siga gestando, qué se siga expandiendo, qué se siga investigando. Este Festival debería ser todos los días, pero hasta que vuelva a suceder, que esta sea la oración: ¡Qué Carmentea sea para siempre!