“En casa de herrero cuchillo de palo” es un adagio popular de reconocido uso que ha sido empleado para denotar muchísimos aspectos de la vida cotidiana. En el caso de los cafés especiales que produce Colombia, dicho adagio llega a nuestra ayuda para graficar una realidad palmaria: casi todo el mundo exterior disfruta, aprecia y conoce de la suavidad y calidad del café colombiano, condición que irónicamente no se da, de manera generalizada, en la población del país cafetero.

El imaginario de muchos extranjeros cuando visitan nuestro país es que encontrarán por doquier, en cualquier esquina, tiendas especializadas de café en las cuales se ofrezcan las mejores marcas de cafés Premium, Especiales y de origen, y una gama amplia de métodos de preparación para escoger, métodos que resalten las características organolépticas del producto y mantengan intacta su frescura.

Adicional a esto, los expectantes turistas vienen con la ilusión de impregnarse de la cultura caficultora y barista que congenie las mejores prácticas agrícolas con las experiencias de preparaciones en taza. Sin embargo, y pese a que la cultura del buen café y sus técnicas de preparación ha tenido un significativo repunte desde los últimos 15 años en el país, aún falta muchísima educación en la población para saber, entender y disfrutar, lo que la mayoría de los extranjeros saben, entienden y disfrutan, no del mejor café del mundo, pero sí del más suave del mundo: el café colombiano.

Es por esto que cuando el visitante llega al país, se encuentra principalmente con la muy extendida tradición de los “cafés” instantáneos y/o de las máquinas dispensadoras, muy distante de los cafés especiales, de las máquinas de café espresso y de los exquisitos métodos de filtrado para su preparación. Lo que nos priva de disfrutar en toda su dimensión, de uno de nuestros mejores frutos. Afortunadamente, instituciones y academias vienen haciendo los mejores esfuerzos para expandir la cultura del buen café entre los colombianos, que pasa por visibilizar y apoyar las marcas que producen caficultores artesanales quienes priorizan excelentes prácticas para garantizar calidad inmejorable.

El Servicio Nacional de Aprendizaje -SENA- es una de esas instituciones a las que les debemos los mayores empeños en la formación para el conocimiento y educación que viene impulsando una cultura del café a la altura y consideración de su calidad. En este campo, Instructores como Leonardo López y Silvio Baena (de la sede SENA de Rionegro, Antioquia), hacen una contribución más que significativa para culturizar a la población en el tema del café, pues trascienden la ciencia y la academia -en lo que no dejan de ser muy rigurosos-, para llegar a impregnar un sentido de pertenencia y compromiso frente a todo lo que económica, social y culturalmente, representa este producto insignia de Colombia para el mundo.

Por: Arturo Velásquez Promotor de la cultura cafetera y literaria