Para muchos, tatuarse obedece a un aspecto estético; otros lo hacen porque desean evocar un recuerdo o un hecho significativo para sus vidas. Para Rubén Darío Alzate Ramírez su dibujo trascendió todo esto y se convirtió en hacer realidad un sueño y plasmar lo que, según concibe, lleva en su corazón. Solo hasta cuando pasó el umbral de los 50 años decidió tatuarse.

Hoy tiene 54 y hasta hace dos cumplió ese anhelo que llevaba esperando desde joven. “La gente se preguntará ¿por qué a estas alturas de la vida se quiso hacer un tatuaje?”, se auto interroga, consciente del imaginario -o por que no, estigma-, de ser un arte reservado para los jóvenes.

Los mitos entorno a esta práctica fue precisamente aquello que lo contuvo durante todo este tiempo. “Que era para gente de la cárcel”, dice haciendo alusión a los comentarios en torno a quienes los usaban; pero agrega que “hoy vemos que eso no es así, esto es un arte porque la persona que hace este tipo de tatuajes hay que valorarle lo que sabe, porque tatuar un rostro no es fácil”.

Y es que es precisamente un rostro lo que plasmó Rubén Darío en su piel, pero para él no uno cualquiera. “Toda la vida quise tatuarme algo y tenía claro que era: lo único que pensaba era en un rostro de Jesús. ¿Por qué? Muy sencillo: por la fe, porque soy buen católico, creo en Jesús y en Dios”, explica.

Un segundo mito que limitó su deseo fue el imaginario de que alguien con tatuajes no puede donar sangre. “Desde muy pequeño me ha gustado donar, lo hago tres o cuatro veces al año, pero entonces tenía ese mito”. No obstante, a raíz de las campañas de donación que implementaron en el canal de El Carmen de Viboral, donde se desempeña como director administrativo de Viboral Telecomunicaciones, aprendió como son realmente las donaciones. “Entonces me di cuenta que a los 8 o 10 meses podía volver a donar”, dice hoy ya bien informado.

“Superé esos mitos y me hice el tatuaje del cual no tengo el más mínimo arrepentimiento de haberlo hecho. Estoy muy complacido, es algo que me admiran mucho porque realmente es un rostro muy bonito… es algo que la mayoría de los seres humanos llevamos en el corazón: el rostro de Jesús”.