Orlando Soto lo sacaron borracho de su finca una noche del 2002. Horas antes, un grupo de paramilitares le había exigido a él y a otras 200 familias que abandonaran sus casas en la vereda El Retiro de Cocorná, con la amenaza de asesinar al que desobedeciera. Orlando no quería irse y ahogó sus penas en licor. La familia aprovechó para montarlo en una camioneta y llevarlo a Medellín.

El guayabo le duró 12 años. Lo llevó hasta Venezuela, donde estuvo trabajando en el comercio. La crisis del vecino país lo trajo de vuelta en 2012 y, luego de algunos años más buscando qué hacer, decidió tomar un carro de escalera. Ese día volvió a ver la casa de su familia, las montañas tranquilas y las aguas color esmeralda del río Melcocho, en el que pasó los momentos más felices de su vida.

“Yo volví y la casa estaba caída. Fui a la Alcaldía de Cocorná y me dijeron que como ya no había cultivos podía dedicarme al turismo. Con más vecinos y gente de otras veredas entré a un diplomado en ecoturismo y aquí estoy hoy, viendo qué podemos hacer con eso”, cuenta mientras recorre las laderas del río.

En pocos meses restauró el techo de su casa y construyó un sendero desde allí hasta el río. Hoy recibe a decenas de turistas blancos y ojos claros, que llegan para acampar en su predio, dormir en las pocas camas que tiene, pescar, comer la comida que prepara y disfrutar de las aguas de Melcocho y de las cascadas cercanas.

No muy lejos de su finca, varios hostales y hoteles también se llenan de turistas nacionales y extranjeros que llegan buscando los charcos y cascadas que vieron en redes sociales. El fenómeno se extiende desde Rionegro –el primer lugar que pisan los viajeros cuando aterrizan en suelo antioqueño– hasta San Rafael, San Luis, San Carlos, San Francisco, Cocorná, El Peñol y, por supuesto, Guatapé.

Stephen Monroe es un estadounidense que ya completa tres semanas en el Oriente. Llegó buscando paisajes con hospedajes de lujo que no lo aislaran del resto del mundo y los encontró en Guatapé y Llanogrande. “Acá hay bares y pubs, se pueden rentar carros lujosos, comer en buenos sitios y todo sin estar en la ciudad. Es un sueño hecho realidad”, dice mientras espera al conductor que lo llevará al chalet de lujo donde se quedará esta semana.

El año pasado llegaron a Antioquia 390 mil extranjeros, según el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo. De acuerdo con el Sistema de Indicadores Turísticos de Medellín y Antioquia, Situr, uno de cada cuatro estuvo en Rionegro, donde quedan Llanogrande y el aeropuerto, y uno de cada tres fue hasta Guatapé buscando la Piedra del Peñol y los paisajes de ensueño que ofrecen la represa y las montañas.

Algunos optan por opciones económicas como la posada de Orlando donde la noche en camping cuesta $10.000, y otros se van por hoteles de lujo donde las tarifas pueden llegar hasta $400.000 por noche.

Internet y los vecinos

Gabriel Jaime González es un buzo a pulmón libre que lleva varios años recorriendo las aguas de Antioquia. En uno de sus viajes le hablaron del río Melcocho, pero nadie le supo explicar cómo llegar. En internet apenas encontró un video del sitio, pero ninguna indicación y por eso en su última visita al balneario de Pailania buscó recomendaciones entre los locales.

En un grupo de Facebook de universitarios paisas, González compartió sus fotos y los contactos de los campesinos locales, y desde entonces –dice Orlando– las visitas al río Melcocho se multiplicaron. Al saber de las bondades de internet, el campesino decidió abrirle una página al Sendero Agroecológico Dulce Melcocho.

Su caso contrasta con el de Manantiales del Campo, un hotel de lujo situado en medio de una reserva natural entre San Rafael y Guatapé. El sitio, que también estuvo abandonado por la violencia, ganó mucho más renombre luego de que la ex Miss Universo Paulina Vega lo eligiera como locación para el debut de su canal de viajes de Youtube.

Juan Alberto Arias, gerente del lugar, explica que desde que el video fue lanzado en febrero pasado, se les agotaron las reservas. “El hotel ya era conocido en el extranjero, pero hoy la gente de Colombia ya también sabe que existe. Aquí elegimos trabajar con los campesinos de la región y la riqueza natural que hay, y el resultado es muy bueno”, dice.

Federico Guerra, secretario de Competitividad de Antioquia, reconoce que aún hace falta mayor capacitación para los ciudadanos. “Le estamos apostando a la formación (como la que recibió Orlando) y a la formalización para que el sector turístico se pueda consolidar”, dice.

Para ese programa de capacitación, la Secretaría destinó un presupuesto de $1.000 millones que se complementa con otros recursos del Gobierno Nacional. Los puntos más urgentes, según Guerra, tienen que ver con servicio al cliente, conocimiento de inglés y herramientas de internet

Fuente: El Colombiano