En el marco de los 60 años de vida administrativa del departamento del Quindío, el Gobierno que encabeza el arquitecto Juan Miguel Galvis Bedoya, realizó varios reconocimientos por medio de los cuales el Departamento reconoció a aquellos hombres y mujeres que han contribuido, desde diversas áreas, a la consolidación de nuestro territorio y al desarrollo y bienestar de su gente.
Muchos nombres importantes resonaron en el marco de la solemne celebración que tuvo lugar el miércoles 1 de julio, sin embargo, hay uno que merece resaltarse y es el de la Magister Amparo Hurtado Osorio, “una campesina”, como orgullosamente se auto denomina que, ha hecho mucho por la región.
Primero se forjó como profesional de la educación, para trasegar por los pasillos de varias instituciones, destacándose como Rectora (con lujo de competencias) de la Institución Educativa Luis Granada Mejía, de Pijao y luego de la Ciudadela Educativa San Bernardo en Barcelona. Fue prolija su vida como educadora, siendo pionera de incontables iniciativas y luchadora aguerrida cuando de gestionar recursos, procesos y nuevas obras para sus instituciones se trataba. Inolvidable en el ejercicio de ese rol.
De forma paralela a esta misión, empezó a ejercer un liderazgo cívico y comunitario, que pronto empezó a resonar en escenarios nacionales. Fue la voz que clamó con fuerza desde el olvido del sur cordillerano y logró, a punta de respeto, tenacidad, constancia y buenas relaciones humanas, volcar la mirada del entonces presidente de la República, Álvaro Uribe Vélez, para activar el desarrollo vial, educativo, turístico, cultural y económico en la que ella misma ha denominado: La subregión cordillerana.
Es de grata recordación la gesta liderada por ella, que permitió que se arreglara una vía fundamental que llevaba décadas de desgaste y olvido, la misma que conecta al Quindío con el hermano departamento del Valle del Cauca, por el sur.
Fundó varias iniciativas, siendo la más importante la Veeduría Cordillerana del sur del Quindío y norte del Valle. Se trata de un escenario cívico desde el cual se ha dado acompañamiento a importantes iniciativas con alcance regional.
Ha levantado la voz y la mirada en muchos escenarios, sin abandonar jamás la altura propia de su condición de dama. Ha dicho verdades y lanzado propuestas, generalmente audaces, que han conducido a desencadenar procesos sorprendentes.
Mientras lidera con el alma, como solamente ella sabe hacerlo, hace gala de una sonrisa generosa, sincera y habla siempre con un lenguaje culto, depurado, propio de su esencia de maestra.
“Amparito”, como suele ser afectuosamente nombrada, ha sido protagonista indiscutible del desarrollo cordillerano, ha abierto caminos amplios en los sitios en los que solo había trocha y ha marcado una huella imborrable en el territorio que es su mayor amor: La cordillera.



