Todo ocurrió con el “maestro Oliverio”, director de Deportes en Acción de Rionegro Estéreo. Se acercaba mi cumpleaños, el 27 de junio de 2023, y mi deseo siempre fue tener un perro de raza pastor alemán, pero solo pude disfrutar de ello en la niñez con mi primo Carlos, quien es propietario de la Finca Gil, en la Región de Murcia, España, especialista en adiestramiento de perros, y quien me enseñó a cuidar, respetar y entender que el perro es el fiel amigo del hombre.
Pues bien, ese día de mi cumpleaños recibo una llamada de Oliverio:
—José Manuel, te espero en la urbanización Arándanos de Rionegro para entregarte una perrita.
En ese momento estaba con mi mujer e hijos celebrando mi cumpleaños en Llano Grande, porque el Oriente antioqueño para nosotros es un verdadero paraíso y sus gentes, una bendición de Dios.
Dejamos la celebración para recibir el precioso regalo. Sí, allí estaba ella, porque es hembra: Alaska. No quería salir; se refugiaba en los lugares más enigmáticos del vehículo donde estaban Oliverio y un amigo.
—Venga, José, ahí está la perrita.
¡Dios mío, qué criatura tan pequeña! Tan solo mes y medio de vida contemplaban a esa hermosa pastora alemana, quien ha llenado nuestros corazones y la energía positiva de mi casa.
Alaska es inquieta, protectora, defensora de los suyos, pero cuando observa que alguien la necesita, abre las puertas de mi habitación y la de mi hija Isabella.
—¡Pero, Alaska!— es la exclamación de nuestra perplejidad, puesto que se levanta como un ser humano y, con sus patas, mueve la manivela de la puerta.
Enseguida va donde estás, con pequeños ladridos y lágrimas; es como si dijera: “¿Qué necesitas, amigo? Mi querido José, Marie, Isabella, Isaac, Juan Diego, al igual que mi amada suegra Toña”.
Mi pastora alemana, aquella que llegó para dar un aliciente a nuestras vidas, porque las mascotas son imprescindibles en la vida de un ser humano: fieles a los suyos y capaces de entregar su vida por nosotros.
Por eso, me niego a ver cómo maltratan a los animales, sobre todo con la “repugnante pólvora”, aquella que enloquece a mi animal de compañía. Siempre estamos pendientes de ella, porque vivimos en un apartamento y, cuando escucha ese estruendoso ruido, pareciera como si quisiera saltar del balcón al vacío.
Por favor, concienciación ciudadana al respecto, pero, sobre todo, que las leyes se cumplan para evitar que nuestras mascotas sufran.



